martes, 28 de junio de 2011

Estoy comiendo frente a un río con cascada. Escribo. Leo también un poema de César Antonio Molina. Me gusta mucho el título, un arranque limpio y claro: OBLIGADO A ESPERAR DURANTE VARIAS HORAS EN EL AEROPUERTO DE PEKÍN DEBIDO A LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO, PIENSO QUE YA ESTARÁN LAS LLUVIAS CAYENDO SOBRE EL EUME. Bien, muy bien. Pero por qué, una vez avanzado el poema, se pregunta esto: Envejezco en cada sala de espera/ ¿A dónde van a parar estas horas?/ ¿Podré reclamarlas al final de mis días?. No poeta no, sabes que no podrás reclamar nada al final de tus días salvo la putrefacción de tu cuerpo, que te llegará, sin falta, como el recibo de una hipoteca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario