Cuenta Solzhenitsyn que en aquellos maravillosos años, a la hora de juzgar a un acusado,
su confesión era más importante que toda clase de pruebas y hechos. Un poco más adelante, cita la 5ª Enmienda de la Constitución de EE.UU para comparar ambas legislaciones:
Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo en un proceso penal. Impresiona.
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