Saber que soy yo (y no el mundo) quién lleva consigo a todas partes esta relación incómoda con todo lo que me rodea me ha devuelto una antigua y perdida paz. Lo real se racionaliza mejor que lo imaginario: un día, por exceso de idealismo, todo se fue al garete para los restos; a partir de entonces y como dice Pla, no hay más cera que la que arde.
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