Hace unos días, el señor Espada, primera inteligencia pública de España, siempre y cuando yo me mantenga al margen de escribir en los periódicos, vertió luz con un artículo en
El Mundo sobre la banalización del mal mediante el uso interesado y maligno de metáforas o analogías. Entre otras, ésta del buen Rivas, don Manuel, alma atormentada y bella, español acomplejado y fútil:
y cuando el mar llega lleno de chapapote, esa mirada te llevará a hacerte preguntas como la de Adorno: "¿Cómo escribir poesía después de Auschwitz?". Después del Prestige, ¿cómo mirar el mar y no ver su dolor?. Hasta aquí el lirismo impostado del señor Rivas. Su analogía entre muertos asesinados y combustible vertido, entre el dolor humano y el dolor del mar, entre
Auschwitz y
Prestige.
Ah Rivas, amigo, saquemos la cítara y cantemos acaso, un panegírico a los dioses , mientras de las bellas ánforas libamos el néctar que nos escancian, graciosas, las hetairas de Roma. Oh Rivas, amigo, Roma nos mira en sus ojos, y a su vez, nosotros la miramos.