para María Careaga
FJL escribe en Los nuestros sobre Franco: en cuanto a sus ideas políticas, pueden resumirse en una: la negación del liberalismo como alternativa al comunismo.
No obstante anticomunismo tan furibundo, franquismo y socialismo (pero también fascismo y nacismo) coinciden en su defensa abierta del colectivismo y el estatalismo. En ese sentido, nada más alejado de Franco que un liberal (de derechas de izquierdas o de medio pelo), alguien que lo único que espera del Estado es que le deje en paz, y nada más próximo a él que un socialista. Y sin embargo, son los socialistas de todos los partidos, aquellos que comparten con Franco el gusto porque el Estado se meta en la cama del ciudadano, los que llaman "fachas"/"franquistas" a los liberales, amigos del Estado máximo a los enemigos del Estado máximo.
Pero así son las cosas y no van a cambiar porque uno lo diga, ni uno espera que lo hagan ni en verdad tienen por qué hacerlo, felizmente. Qué sería de nosotros si las "cosas", esas tan cacareadas "cosas", cambiasen porque un tipo así lo quiere. Seguramente estaríamos muy lejos de donde estamos ahora instalados, tan calentitos, al amparo de la luz eléctrica y la calefacción.
David Hume, papá de la cosa
El liberalismo es una corriente de pensamiento (filosófico y económico) y de acción política que propugna limitar al máximo el poder coactivo del Estado sobre los seres humanos y la sociedad civil. Así, forman parte del ideario liberal la defensa de la economía de mercado (también denominada "sistema capitalista" o de "libre empresa"); la libertad de comercio (librecambismo) y, en general, la libre circulación de personas, capitales y bienes; el mantenimiento de un sistema monetario rígido que impida su manipulación inflacionaria por parte de los gobernantes; el establecimiento de un Estado de Derecho, en el que todos los seres humanos -incluyendo aquellos que en cada momento formen parte del Gobierno- estén sometidos al mismo marco mínimo de leyes entendidas en su sentido "material" (normas jurídicas, básicamente de derecho civil y penal, abstractas y de general e igual aplicación a todos); la limitación del poder del Gobierno al mínimo necesario para definir y defender adecuadamente el derecho a la vida y a la propiedad privada, a la posesión pacíficamente adquirida, y al cumplimiento de las promesas y contratos; la limitación y control del gasto público, el principio del presupuesto equilibrado y el mantenimiento de un nivel reducido de impuestos; el establecimiento de un sistema estricto de separación de poderes políticos (legislativo, ejecutivo y judicial) que evite cualquier atisbo de tiranía; el principio de autodeterminación, en virtud del cual cualquier grupo social ha de poder elegir libremente qué organización política desea formar o a qué Estado desea o no adscribirse; la utilización de procedimientos democráticos para elegir a los gobernantes, sin que la democracia se utilice, en ningún caso, como coartada para justificar la violación del Estado de Derecho ni la coacción a las minorías; y el establecimiento, en suma, de un orden mundial basado en la paz y en el libre comercio voluntario, entre todas las naciones de la tierra. Estos principios básicos constituyen los pilares de la civilización occidental y su formación, articulación, desarrollo y perfeccionamiento son uno de los logros más importantes en la historia del pensamiento del género humano.

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