miércoles, 4 de abril de 2012

Necesitaríamos una situación límite para calibrar nuestra auténtica catadura moral como país y como ciudadanos. Nuestra auténtica capacidad de ayudar, de compadecernos.

Algún ejemplo ya lo tuvimos si bien en esa sociedad cruel y cobarde que es la vasca: un hombre que juega al tute es asesinado, como tantos otros,  por no comulgar con las ideas de los asesinos. Al día siguiente un periódico publica una foto en donde se ve cómo el asesinado es reemplazado por otro jugador como si nada hubiera pasado.

El silencio de los corderos...cobardes e  inmorales

De todos modos y aunque aumente el número de siervos voluntarios hay más gente que valora su libertad hoy que hace 10 años. Y dentro de 10 años habrá todavía más gente que hoy. De eso estamos seguros.

1 comentario:

  1. Por el progreso exponencial de los amantes de la libertad, por encima de las ideologías, siempre...

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